CÓMO SER UN TERAPEUTA-CANAL


En el extenso entorno de las terapias energéticas es común escuchar decir que un terapeuta solo es el camino especial elegido por energías superiores para brindar la curación. Y todos afirman “No soy el que cura…solo soy un canal” se ha vuelto demasiado corriente de tanto repetirla, sin comprender necesariamente lo que implica y exige del terapeuta y por supuesto del paciente.
¿Canal de qué?
Ser un canal durante una terapia, sí, claro… ¿Pero canal de qué? un canal es un conducto, una brecha que comunica, un tubo. Y todos sabemos que un tubo puede estar hecho de cobre, de plástico o de caucho… Puede ser de diferentes tamaños, puede estar sucio, tener agujeros o ser poroso. Puede, en definitiva, estar conectado a multitud de fuentes más o menos limpias… ¡incluso a fuentes no limpias en absoluto!
Es muy fácil decir que se es canal de una fuerza superior, y es mucho más fácil serlo realmente.
De lo que no somos conscientes es: ¿cuál es el carácter que tiene esa superioridad, porque es superior y que nos pide a cambio?
Al creernos algo, ocurre una situación en el subconsciente que abre la puerta a fenómenos, a presencias a las que podemos dar todo tipo de nombres. Pero que difícilmente podemos estar seguros de su positiva y desinteresada intención.
Hoy día se afirma que es uno u otro ser el que viene a curar a través de las manos de un terapeuta, generalmente son iconos de las diferentes religiones y creencias. Pero el nombre importa poco en realidad, ya que se trata mucho más de principios vibratorios interdimencionales llamados Egregores. Son energías acumuladas a través de la condensación de las creencias grupales, en lugar de personalidades en el sentido humano del término. Estas actúan sobre la programación subconscientemente que se tenga.

Entendiendo esto, podemos tener claridad de que es la creencia personal y no la energía canalizada, la que cura o devuelve la armonía realmente. Todos tenemos magia, pero nos es muy difícil percibir que podemos utilizarla por nosotros mismos. La Magia es la capacidad natural propia para atraer sin pedir. Desde pequeños se nos programa para ser sumisos y depender por medio de la amenaza y el miedo. El poder personal es visto como algo malo, incluso cómo pecado, por ejemplo, en las religiones basadas en la idea de Jesús el cristo. Solo se puede ser bueno creyendo. No se puede ser bueno simplemente siendo.

Esta magia personal se logra alcanzando un nivel de conciencia que implique honestidad consigo mismo, sencillez sin perder el amor propio, y evidentemente, compasión hacia el entorno. No se inventa solo con la buena voluntad de la creencia en uno u otro personaje bíblico o hinduista, en rayos de colores o sonidos tranquilizantes o experiencias alucinantes. Tampoco se crea por la suma de una larga serie de seminarios o diplomas; se descubre a través de experimentar la vida con la audacia de recorrerla enfocándose en mantener la conexión esencial con el estar bien y hacer estar bien, que subyace en lo más profundo de lo humano.

Es precisamente en este enfoque especial donde reconocemos nuestro poder mágico, cada uno puede utilizarlo de forma especial y singular. Dejemos de querer curar al prójimo, dejemos de ser militantes, dejemos de ser canales de los egregores, estos son tipos de violencia que nos alejan de nuestra propia sanación. Los egregores son energías que necesitan retroalimentarse para existir y lo consiguen creando las situaciones que los hacen ser percibidos como necesarios. La cura siempre necesitará de la enfermedad para existir.
Explorémonos, enfocándonos en nuestro especial matiz del estar bien. Solo siendo conscientes de esto, auto sanando y siendo canales de nuestra propia esencia, podremos decir que VIVIMOS SIENDO ÚTILES.

Daniel Bernardo Gutiérrez Rojas (LeinaD)

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