Auto sanación Musicando – primer capítulo


Auto Sanación Musicando

Copyright © 2014 Daniel Bernardo Gutierrez Rojas
Segunda edición actualizada 2017

Corrección por: Marcela Posada Olarte

Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de este libro y/o ilustraciones sin la autorización expresa de su autor.

ISBN:

ISBN-13: 978-1502498663 

 

 

Dedico este libro al Gran Espíritu que nos contiene a todos…

 

“Tomé mi pluma fuente y coloqué su punta sobre el blanco.
Me serené.
Abrí la puerta, mi canal interior,
me permití ver más acá del cotidiano,
Magia pura, natural
Cambio de forma…

Tantas vivencias recordadas.
Tantas vivencias olvidadas.
Equilibrio de fuerzas.
Tensión y distensión”

 

CONTENIDO

Prólogo
1 Serenidad
2 Aprender a estar bien
3 Magos del tiempo
4 La cueva del Ego
5 Renacer
6 Recibir
7 Organizar
8 Ver
9 Magia
10 Activar
11 Enfrentar
12 Unir
13 Escoger
14 Natural
15 Intuir
16 Llamar
17 Meditación Melódica
Conclusión
El Autor

 

PRÓLOGO

Este libro es la narración de algunas experiencias, que durante esta experiencia terrestre, me ayudaron a entender la auto sanación por medio de la música. Ilustrado con algunas psicografías expresadas por mi ser eterno.

Advierto al apreciado lector que las ideas que aquí propongo pueden chocar con sus creencias o convicciones. Si éste es su caso, le pido, de manera muy respetuosa que coloque ese contenido en el infinito mar de las posibilidades y lo deje pasar. Pero también servirá de inspiración para las personas que estén dispuestas a percibir otras posibilidades de encarar este tema y encuentren alguna utilidad práctica para su experiencia particular en las siguientes páginas.

Recomiendo antes de leer, hacer el ejercicio de colocar la mente en modo “receptivo” en lugar de modo “competencia”. Sus ideas y las mías no deberían competir, mejor interactuar para que usted pueda tomar lo que sienta conveniente y le encaje. Cada camino es único y tiene una receta con mezclas e ingredientes diferentes. Aprecio mucho el esfuerzo que usted coloque en hacerlo.

Hay infinidad de terapias físicas y psicológicas, además de muchos conceptos diferentes acerca de nuestro funcionamiento mental y espiritual. Con este libro intento compartir, desde mi experiencia personal,  lo que he podido entender acerca de la música, el ego, la dualidad y la sanación. Exponiéndolo de una manera diferente y sencilla. Esto no significa que me adapte a ningún criterio establecido, por el contrario soy más un explorador osado, de avanzada, aplicando constantemente la duda y lo que aprendí en la escuela de arquitectura para poder crear un diseño óptimo: “rompe con todo lo que ya conoces y busca la solución pensando diferente”. Existen varias interpretaciones del ego, unos lo describen como un mensajero que trae noticias del subconsciente y las muestra al exterior, otros lo dividen en varias entidades que luchan entre sí constantemente. Incluso hay quienes lo entienden en diez o más partes.

Para que haya un entendimiento correcto, entre usted y yo, voy a plantear al ego como el guardián de una gran cueva mental. En la que ubico por sentido práctico, lo que se conoce como subconsciente. Este personaje tendrá dos caras, una oculta que no sabemos aún hacia donde mira, ni cómo es.  Y otra visible, que observa toda la actividad de la cueva y sus conexiones. Este guardián malhumorado vigila celosamente lo que entra y lo que sale de sus dominios.

Así mismo, les aclaro que voy a utilizar la palabra bienestar en lugar de la palabra Amor, ya que la primera es mucho más específica e indica la parte positiva del existir.

Cabe, por último, hacer claridad sobre la música y la auto sanación,   que es el tema central de este libro. Lo que le voy a compartir, amigo lector, es una parte de mi experiencia personal de auto sanarme, junto a los seres que me han rodeado y me acompañan en esta aventura vital. Por lo tanto, le recomiendo leerlo abrazando a la vez su deseo de encontrar una manera práctica de estar bien, en paz interior y con todo lo demás, de manera estable y perdurable.

Esto se puede lograr creando la música con los instrumentos musicales adecuados unidos a la comprensión del funcionamiento del ego,  su caverna y el enfoque especial del sistema de los chakras o discos ondulantes, que aquí planteo. Pero sobre todo con su compromiso interior de querer hacerlo.

 

 

1 SERENIDAD

Subí al monte sagrado, esbozado en el fondo de la taza grande de chocolate caliente que acababa de compartir con mi pareja. Con esa dulce y cálida sensación en mi estómago, la noche tomó un matiz suave y tierno, sentí  la caricia de la abuela sentada al lado de mi cuna, observándome, mirándome, llevándome  en sus ojos a mundos olvidados, algo antiguo. Añorado…
REENCUENTRO esperado tantos años y que ahora se resume en un punto sobre el blanco papel…

Pude ver todas las veces que me envolvió en sus alas. Escuchar, como un susurro en mis oídos casi inaudible, una voz ancestral que me decía:

– Ya es hora, es la hora…El tiempo te ha alcanzado… descálzate, desnúdate, deja salir de nuevo tu música sagrada, !MÍRAME¡ 

Entonces,  me senté.

Sentado de espaldas al río y a la selva inmensa, mágicamente y sin esfuerzo,  mis pensamientos volaron en forma de globos hacia la gran luz.

Las dudas del futuro se mezclaron con los gritos del ayer  formando una montaña alta y difícil de subir. Era una presencia imposible de ignorar, en ese momento entendí que se trataba de un llamado al presente desde mí ser infinito espiritual.

Quieto, casi fundido con la roca, mire el camino pedregoso que venía de las nubes.

¿Puede una duda continua, llevarme a alguna parte?

¿Puedo subir, mirando sólo hacia abajo?

Caídas de agua en cascadas que van a lo profundo, naves encalladas en los altos árboles, bosque espeso que sube entre peñascos…

– no veo caminos claros que me guíen

–  Sin embargo…

Me sereno. 

 

 

Me sereno.


2 APRENDER A ESTAR BIEN

 

Formamos parte de una aparente realidad, cual gran escuela cósmica, donde aprendemos y enseñamos a lo largo de infinidad de existencias, detalles y diferentes matices de lo que significa el Amor. Lo que llamamos Universo es una parte microscópica de lo que existe. Tal vez, sea una mota de polvo en una tormenta inmensa de arena, que a su vez hace parte de un universo tan magnífico como el que hasta ahora podemos abarcar con la aguda mirada del telescopio espacial Hubble. Y éste, otra vez una mota de polvo de algo mucho mayor.

Somos una especie singular, pretendemos encontrar al creador de todo. Competimos desde el egoísmo, castigamos y nos sumimos en creencias, en donde el miedo es protagonista. Al final,  nos matamos unos a otros y nos auto destruimos en nombre de esta búsqueda.

Desde niño me pude dar cuenta que  lo más polémico y dual en nuestras relaciones interpersonales, son los temas referentes a la religión y la espiritualidad. Esos que hacen subir la voz, manotear y ruborizar caras. Todos pretenden tener la razón y nadie puede asegurar nada con certeza. Esta situación de ignorancia impuesta, que busca definir y experimentar el Amor, lo único que consigue es crear conflictos y polarizaciones que se traducen en una humanidad cada vez más enferma. Cada uno de nosotros vive una búsqueda permanente dentro de interrogantes tales como: ¿Quién soy?  ¿Por qué nací? ¿Qué debo hacer? ¿Para dónde voy? Pero tal vez el que más nos martiriza en nuestra mente es: ¿Quién me creo? Al no haber respuestas claras a todas estas preguntas surge desde la oscuridad un personaje energético de mal carácter, encorvado y malicioso. Magnífico coleccionista emocional y hábil manipulador de lo que llamamos personalidad. Generalmente, nos esclaviza gritándonos lo que él sabe, sin saber, desde la cueva mental que custodia y administra.

A este personaje le colocaré el nombre de ego enfermo. Al ir recorriendo estas páginas podremos, poco a poco, entenderlo y con ayuda de un enfoque especial hacia la música volverlo nuestro amigo y aliado.

Cuando hablamos del creador siempre surge una palabra: Amor.

Esto lo llevamos en nuestro ADN inmaterial. Al igual que nosotros, nuestro ego enfermo no tiene idea de quien nos creó, ni para qué. El real significado de la palabra Amor, también nos es desconocida. Así, somos unos tuertos guiados por ciegos. Vamos dando tropezones de aquí para allá. Con cada tropiezo creamos lo negativo: dolor, miedo, vergüenza, culpa, apegos, mentiras, ilusión, creencias. Hay una relación enfermiza entre el personaje de la cueva y nuestro ser fundamental, esa mala comunicación, aparte de dañar nuestro cuerpo, también nos envuelve en información negativa apartándonos de lo que somos y escondiendo del resto del universo nuestra verdadera esencia. Ya les iré contando lo que he  descubierto acerca de todo esto y cómo arreglarlo.

Tengo claro que somos seres cósmicos, por eso prefiero la palabra cosmonauta para definirme. Me encanta observar  lo que soy: Parte de la energía consiente e inmaterial, creador de pensamientos, ideas y sentimientos singulares de prosperidad.

Dentro de un traje espacial material, que llamamos cuerpo. Por medio de este traje biológico nuestras ideas se comunican con el cosmos a la vez que recibimos desde él toda la información.

Tenemos, además del traje espacial o cuerpo físico, otro inmaterial. Es el inter dimensional,  sistema energético que conocemos como aura o chakras, campo de información personal, burbuja energética, etc. Por medio de éste traje contenedor transmitimos y recibimos los sentimientos.

A este punto, debo aclarar que todos los conceptos acerca de los chakras y la música, que aquí comparto, son personales y responden a la interpretación de acuerdo con mi experiencia de vida.

Para un mejor entendimiento y clara explicación, de aquí en adelante, voy a definir el Amor como todo aquello que implica el estar y hacer estar bien, y por conveniencia, enfocándome hacia la parte positiva de la aparente dualidad que forma toda experiencia en este Universo. No devalúo y mucho menos excluyo la parte negativa. Comprendo que en toda escuela hay maestros que están experimentando la dualidad y dan enseñanzas en cada una de las partes. Yo los clasifico en dos grandes niveles: El más abundante y sencillo de aprender es el nivel que enseñan los maestros del NO, donde aprendemos todo aquello que NO se debe hacer, ni pensar en hacer. De hacerlo nos haría alejarnos del bienestar como consecuencia. Estos maestros son muy evidentes, hábiles y dolorosos, también nos crean muchos apegos. De forma continua atan fuertes lazos emocionales, que nos causan infinidad de problemas.

Curiosamente las lecciones que dan los maestros del NO son las que más fácil aprendemos e integramos a nuestra experiencia particular de vida. Hay dos formas de experimentar este amplio nivel: Por medio del dolor y el sufrimiento emocional que es la forma común y más “fácil” de hacerlo, tal vez porque de esta manera producimos gran cantidad de energía alimenticia para los reales dueños de los egos enfermos.

También está la manera “difícil”, ser conscientes de lo beneficioso para nuestro aprendizaje y así poder expresar la bondad por medio de la transformación personal, eligiendo caminos más productivos lejos de  las emociones pesadas y negativas, encontrando el punto de equilibrio y permitiendo la otra parte: El Bienestar.

Cuando aprendemos a ser conscientes de nosotros mismos y nos centramos en nuestro espacio interno, mágicamente nos convertimos en maestros del SÍ. Este tipo de maestros es el más escaso. pero que en potencia y utilidad bastan para formar el equilibrio con el otro tipo, mucho más común y abundante. Ser maestro del SÍ es cuestión de claridad y de verdad. Estos maestros enseñan por medio de su ejemplo y sin usar palabras, todo aquello que SÍ se debe hacer y pensar en hacer, para construir nuestro Bienestar.

Para ser maestro del SÍ es necesario entender de manera profunda y experimentar lo que es bueno y saludable, tanto para uno, como para todo lo que está a nuestro alrededor. El maestro del SÍ es emocionalmente estable y a pesar de recibir continuamente los embates emocionales de su cueva mental y desde todas las situaciones o personas que lo rodean, decide el equilibrio  en lugar del reflejo. Vemos que ser maestro del SÍ es un arte mayor, cuestión de aplicar nuestras decisiones de forma que impacten positivamente, tanto en nosotros como en el entorno. Para liberar la decisión, de toda emoción inconsciente que proviene de la cueva, en donde se esconde la parte más negativa de la aparente dualidad: el ego enfermo. Es cuestión de elegir.

Durante la lectura de este libro podrán encontrar herramientas físicas y energéticas para  desarrollar, de forma natural, sus capacidades para ser maestros del SI. Aclarando de antemano que aquí no encontraran ni tendrán que aprender el uso de técnicas complejas o disciplinas forzadas ni nada que implique un esfuerzo superior al de su propia y libre decisión. Este camino musical que ahora tiene frente a usted es solamente uno de muchos por los que puede alcanzar la experiencia de vida más favorable para su verdadero ser inmortal. Es cuestión de empatía con lo que aquí expreso.

Recuerdo que de niño recibí infinidad de ejemplos, de lo que muchos años después entendí, eran solo comunes enseñanzas incorrectas. Como todo niño, vine programado para la creencia, principalmente, en las palabras de los demás y en especial de los adultos. Ésta, es una forma natural que los seres humanos tenemos, como protección básica, durante los primeros años de nuestras vidas.

Durante mi infancia y adolescencia, escuche  a mi padre y madre enseñarme creencias. Utilizando palabras, comportamientos y actitudes que no me ayudaban a descubrir lo que es el estar bien.  Definitivamente me movían hacia el lado más desfavorable para mí.

En el ahora mirando todo aquello en retrospectiva he podido encontrar, por diferentes medios, cosas del pasado familiar mucho más escondidas y censuradas que la más oscura de las ordenes esotéricas:

Emociones enfermizas heredadas de generación en generación, por este mismo método. Caí en cuenta que la mayor parte de lo que yo creía que era YO, realmente no lo era. Eran cosas que pertenecían a mi abuelo paterno, o a la familia de mi madre, a un tío solitario o a un bisabuelo extremadamente tacaño. A dos familias muy religiosas, católicas y creyentes pero que desconocen por completo el sentido real de lo que se pretende enseñar: El Amor y el estar bien.

Entender esto es cosa de un instante. Pero desprender todo esto de mi ser interior fue algo que me tomo más de dos décadas de exploración, por los intrincados laberintos que otros construyeron para mí.  Puedo concluir, que sacando toda esta basura inservible de mi subconsciente, haciéndola visible y entendible por mí ser consiente, quedaba la esencia. Mi razón de ser y estar, lo que realmente vine a  aprender en esta vida: El cómo mantener un estado saludable de Bienestar, a pesar de todo lo demás. Algunos lo llaman Bondad.

La palabra Bondad es la cualidad de bueno. Se identifica con la característica propia de las buenas personas. Es también la inclinación o tendencia natural a hacer el bien. Bondad se aplica al carácter de una persona, un objeto o una acción para indicar que es buena. Se identifica también con la palabra ‘dulzura’ . El antónimo de esta palabra es maldad. La bondad es un término abstracto imposible de cuantificar. Ha sido tratado en temas de Filosofía, Religión, Ética y Moral. Cuando se identifica a una persona o una acción como bondadosa se suele asociar a otros valores como la solidaridad, la generosidad, la humildad o el respeto. En estos términos no se considera bondad simplemente como la ausencia de maldad, ya que la bondad no se limita a evitar el mal, sino también a promover el bien.

Para mí, tanto la bondad como la maldad hacen parte de la misma fuerza. Es la intención del que las genera  lo que  enfoca esta energía hacia la producción del Karma o su contrario el Dharma. En el medio de la dualidad entre lo que llamamos malo y bueno esta nuestro supuesto “libre albedrío”, la mentira de que somos libres al tomar conscientemente nuestras decisiones. ¡Ahí está la clave de todo esto!

Aquí defino como karma a la energía de todos los actos que realizamos por medio de nuestro egoísmo sumado al “libre albedrío” y que da como resultado el caos y la regresión. Esta energía es el alimento de entidades interdimensionales no humanas. Para ellas, es la única razón de que existamos. Configurando toda nuestra realidad para su beneficio.

El dharma lo explico como la energía de todos los actos generados por nuestro ser esencial y consciente y que están encaminados al progreso mutuo y la creación de bienestar. Esta energía es la razón de existir de la humanidad dentro de este universo caótico.

Bienestar es una palabra fácil de pronunciar, pero detrás de ella hay muchísimos matices. Cada uno de ellos y con una temperatura determinada, requiere de muchos universos e infinidad de experiencias espacio temporales, para poder ser abarcados. Una sola vida, una sola experiencia sería totalmente insuficiente para este aprendizaje. En la mayoría de nuestras existencias-experiencia necesitamos de guías o maestros, hasta que, en alguna parte de nuestro sendero cósmico, encontramos nuestro personal método de aprendizaje, el que nos libera de esa infantil etapa de la creencia y nos hace encender con luz propia y sin necesidad de imitar a nadie.

Nos transformamos en verdaderos maestros que por medio de la acción y el ejemplo sin palabras, nos permite enseñar la bondad en su estado más puro. En mi caso particular fue a través de la música que nace en mi corazón.

Sin embargo, llegar a este instante y encontrar el método, requirió de muchos pasos, de gran cantidad de lecciones, de mucha paciencia…

Generalmente, lo más sencillo, lo más obvio y práctico es lo que más nos cuesta encontrar. De esta manera funciona el arte del diseño. Para llegar a la forma final que mejor responde a una necesidad en particular, hay que invertir gran cantidad de tiempo, pensamientos y energía. Si se tiene éxito, lograremos materializar la respuesta más sencilla y eficiente para esa necesidad.

Una cualidad personal, que aunque siempre había estado presente en esta vida, la había interpretado como un defecto y me causaba gran cantidad de vergüenza. Era el impulso de aprender por cuenta propia, sin maestros y además los temas de mi predilección. Esto, me acarreo innumerables problemas escolares y más adelante el retirarme de los estudios de medicina a los que mi padre, médico cirujano, me había forzado a iniciar, para  luego ingresar a cursar estudios de arquitectura, los que tampoco termine por razones económicas, por no estar cómodo con lo aprendido y la prepotencia de los maestros en sus métodos absurdos de enseñanza. Además de circunstancias personales, creadas por esa basura emocional a la que había sido expuesto año tras año en mi núcleo familiar.

El auto aprendizaje es algo que he traído impreso en mi programa vital original en esta experiencia y que en última instancia me llevó  a desarrollar en gran medida la espiritualidad.

A comprender mi esencia y consistencia y a reencontrarme con la salud a través de la música creada y expresada por medio de mágicos y maravillosos instrumentos musicales: La Flauta nativa Norteamericana o Flauta de Amor, en algo que he llamado Meditación Melódica.

En el continuo transcurrir del tiempo he cambiado bastante. Digamos que ahora me siento como un ser liviano, incluso más que justo después de nacer. Uno sale del vientre materno con bastante “programación”. Lastimosamente mucha de ella negativa, pues desde el quinto mes de gestación ya hemos desarrollado el sentido auditivo en su totalidad y somos capaces de percibir los sentimientos y las emociones a través de las palabras y la música que escucha nuestra madre, nuestro cerebro no logra distinguir una de la otra, para el sistema nervioso central, las palabras son música. Ambas atraviesan la membrana delgada de la piel, músculos y tejidos que nos separan del gran salón de clases que llamaremos  Planeta Tierra.

Curiosamente le damos ese nombre a nuestro planeta acuático, igual que él estamos formados mayormente por agua. A los cuatro meses de estar flotando en el líquido amniótico, nos sobresaltamos cuando nos llegan ondas de energía musical y hacen vibrar el agua que nos contiene, son amplificadas por nuestro sistema auditivo, ya totalmente funcional.

Somos un símil exacto de computador nuevo, al que poco a poco se le va instalando el software necesario para que su usuario (dueño) saque el mayor provecho, según sus conveniencias. Al llegar a una nueva experiencia terrenal, aún estamos muy conectados con la energía ondulatoria inmaterial. Es por esto, que el sentido que primero se desarrolla es el auditivo. Se especializa en recoger del entorno uno de los dos tipos de energía que existen en nuestro universo: el ondulatorio. Las ondas no tienen masa alguna y hemos de situarlas al mismo nivel de los pensamientos, emociones y sentimientos. También lo que denominamos espiritualidad, que no es material, está formada por ondas.

Precisamente, venimos de una etapa espiritual para aprender en una material, menos espiritual.

Como en esta existencia material podemos percibir lo espiritual, en nuestra existencia espiritual, también podemos percibir lo material. Interactuamos por medio de las dos energías la ondulatoria y la de partículas. Estamos capacitados para interactuar e innovar en la totalidad de la creación. ¡Somos Dioses!

En esta primera etapa somos programados con la energía ondulatoria (espiritual), ya que estamos más vinculados a nuestra anterior experiencia en la dimensión inmaterial, y lógicamente la podemos incorporar al inicio de manera muy fácil. Poco a poco vamos grabando los programas a los que nos enfrentaremos durante nuestra vida. Lo que tendremos que superar, las lecciones a tomar. Allí se programa lo más básico pero que a la vez será lo más difícil de entender.

Todo entra por nuestros pequeños oídos sumergidos en el agua. Mucho más poderosa que el aire para transmitir las ondas musicales de las voces exteriores. Un ejemplo de esto son las ballenas azules, cuyo canto puede recorrer océanos enteros. Esta energía ondulatoria se transforma en los moldes emocionales que quedaran guardados bajo llave y custodiados por el ego enfermo, en una cueva muy profunda  que llamamos subconsciente.

Durante el resto de nuestra vida llevaremos impresos estos mensajes-emoción, mensajes-sentimiento que hemos recibido por el oído y por nuestra delicada piel.

¡Somos seres inteligentes limitados por la emoción y la creencia!

Precisamente nuestras emociones se transformarán en solidas creencias. La gran mayoría diseñadas para hacernos producir energía emocional negativa que, a su vez, nos hará desarrollar enfermedades con el fin de exprimirnos esta energía.

Las creencias, implantadas primero intrauterinamente y más adelante durante nuestros primeros 10 años de vida, van a perdurar y fortalecerse año tras año. Dependiendo de nuestro programa vital lograremos o no, hacerlas consientes, entenderlas y superarlas.

La familia, además de todo lo positivo que nos dona, querámoslo o no, es la  principal fuente de enfermedades, tanto físicas como emocionales, que iremos desarrollando paulatinamente durante el transcurso de nuestras vidas. Es allí donde nace la programación emocional que se va heredando de abuelos, padres, hijos, nietos y resuena entre hermanos, tíos,  primos y hasta puede contagiar las amistades más cercanas.

Estas enfermedades se expresan y contagian por medio de diferentes tipologías: creencias, costumbres, tradiciones, gustos e inclusive a nivel grupal extenso, el folclore. Hay algo que es común a todo esto,  que transmite la enfermedad de forma automática, podemos encontrarlo escondido y muy sutil en unos casos y en otros formando parte protagónica como es el caso del folclore y la religión.

Estamos hablando de la música. Si, la MÚSICA, eso que a todos nos atrae, nos hace movernos sin control, despierta todo tipo de emociones, e incluso con las notas sumadas a palabras adecuadas podría hasta matarnos. No estoy exagerando de modo alguno. Ya en la antigua Grecia el filósofo Platón reclamaba que la música, tanto su interpretación como escucha, deberían estar sujetas a reglas determinadas y las personas que se expusieran a ella, completamente conscientes de su poder y peligros. Igual que muchos venenos, cuando es administrada en cantidades adecuadas y en diluciones especiales, la música se transforma en medicina y lo mismo que nos causa la enfermedad puede curarla y sanarnos.

En la mitología griega hay una historia que ilustra claramente como la música puede, fácilmente, despertar sentimientos egoístas y favorecer bajas pasiones.

Pan era el semidiós de los pastores y rebaños, con apariencia de macho cabrío. Un centauro. Además, era el dios de las brisas del amanecer y del atardecer y vivía en compañía de las ninfas en una gruta del Parnaso llamada Coriciana. Se le atribuían dones proféticos y formaba parte del cortejo de Dioniso el dios griego del vino y el placer. Era cazador, curandero y… Músico.

El dios Pan se enamoró de la ninfa Σΰριγξ o Syrinx, mientras ella cazaba en el bosque Liceo. La persiguió hasta acorralarla en la orilla del río Ladón. Syrinx, para evitar que Pan le alcanzase, no tuvo más remedio que arrojarse al río mientras gritaba pidiendo ayuda. Sus hermanas, las náyades, acudieron en su ayuda al oír sus gritos. Para ayudarle, la transformaron en caña, de forma que cuando Pan la alcanzó sólo pudo abrazar un cañaveral mecido por el viento, del que salían unos sonidos encantadores. Pan, al percatarse de que el viento silbaba al pasar por la caña, supuso que eran los lamentos de la ninfa y decidió cortarla. Unió los trozos con cera, y construyó su flauta de Pan, para tocarla cuando la pasión y el deseo lo poseían.

Es muy común ver como las vidas de las estrellas musicales se ve envuelta en vicios, vanidad y desesperación.

También es muy Interesante para considerar, como las diferentes religiones inventadas por el hombre, usan la música como anzuelo y pegamento para transmitir sus creencias, esconder las verdades y manipular de forma segura. Manteniendo sin mayor esfuerzo a sus adeptos. Muchas horas las ocupé escuchando de manera compulsiva música católica, cristiana y más tarde, cuando descubrí el hinduismo, los mantras y la música devocional de la India.

Toda esa música, unida a palabras, a la que me expuse, programó mi subconsciente  e inundo mi consciente con ideas, que con toda seguridad no me pertenecían, pero que, incautamente y de buena fe recibía con la creencia de que experimentaba un ambiente cargado de bondad. La hacía mía e integraba a mi programa vital. Sin darme cuenta, yo mismo permitía que se instalaran en mi mente, estos programas tan difíciles de superar.

Al quinto mes de ser trasladado inter dimensionalmente al vientre de mi madre, empecé a percibir la música que me acompañaría por décadas durante esta nueva experiencia de aprendizaje. A través de mis pequeños oídos, ya totalmente formados, llegaban ondas melódicas sumadas al lenguaje. Especialmente generadas por una grabadora magnetofónica de cinta marca Phillips, muy grande. Funcionaba con tubos electrónicos. Mi padre acababa de adquirirla a un elevado costo. Transcurría la mitad de 1961 y la tecnología empezaba a ponerse cada vez más al alcance del público, claro, si se tenía el dinero suficiente para adquirirla.

En ella, mi papá grabó gran cantidad de música. Por un micrófono capturaba de la radio o en reuniones familiares en donde interpretaba junto con primos y tíos, diferentes instrumentos de cuerda. Mucha de esa música  iba acompañada de la palabra cantada.

Habían unas melodías que durante mis primeros años me gustaba mucho escuchar, sólo música sin palabras. Luego, cuando crecí, pude enterarme de que se trataba de la música clásica y los alegres pasillos colombianos.

Aunque parezca increíble yo tengo recuerdos consientes desde el momento de nacer. Puedo revivir el momento en que un ginecólogo, amigo y compañero de estudios de mi papá, me sacó del vientre de mi madre a la fuerza, con unas pinzas metálicas frías  que sujetaban mi cabeza. Durante un doloroso y angustiante momento atravesé un apretado túnel.

Luego, pude percibir la claridad, el aire frío y más nítidamente los sonidos. Había nacido nuevamente. Esta vez en la ciudad de Bogotá.  Recién llegado a esta nueva realidad saturada de energía emocional, estallé en un incontrolable llanto.

Varios años después, iniciando la adolescencia, pude separarme de los gustos musicales de mi padre y desarrollar los míos libremente. Cursaba tercero bachillerato (octavo grado de hoy en día).  Los sa-cerdotes del colegio Calasanz, en donde estudiaba, organizaron un “retiro espiritual”.

Fue una experiencia, que entonces, recibí con placer y no precisamente por la parte religiosa que contenía el programa. Al llegar al edificio de retiros en el norte de Bogotá, me fue asignada una habitación para mí sólo. Lo primero que hice al sentarme en la pulcra cama, fue desempacar de mi maleta una cajetilla de cigarrillos marca Pielroja. A escondidas, la había comprado en la tienda del barrio la noche anterior.

Alumnos de cursos más avanzados me comentaron que allí y durante los tres días del retiro, los sa-cerdotes permitían fumar y escuchar música a bajo volumen. Seguramente,  para observar los diferentes grados de estrés en nosotros. Mi vecino de habitación era un joven alto de cabello dorado y largo, grandes ojos azules, vestido con un overol de jean azul claro. Me presto su pequeña grabadora con un casete donde estaba grabado, por una de las caras, un concierto de Elton Jhon y en la otra, el último disco de Pink Floyd. Entre el humo que producían los muchos cigarrillos que fumaba, recibí por primera vez el sonido embriagante de la música rock y su base pentatónica.

De sus letras en inglés solo podía traducir unas pocas palabras, ya que no era bueno para los idiomas. Realmente nunca me interese por saber que decían los cantantes. Del rock, sólo la música me interesaba . Hasta el día de hoy, unir las entonaciones vocales de las desconocidas letras en otros idiomas con la música. Siempre ha sido para mí, más que suficiente.

A partir de ese día atravesaron mis tortuosos caminos adolescentes, muchos grupos musicales. Debo mencionar que dentro de esa inmensa constelación musical del rock, la música de grupos como Pink Floyd, Camel, Jetrho Tull, Gentle Giant, Yes y  Génesis, dentro del  género progresivo, fueron los que me acompañaron durante más tiempo. Hasta hace poco…

Todo se transforma al pasar por las diferentes experiencias durante este curso de aprendizaje. La música no es diferente,  para mí ha sido algo paralelo al entender espiritual. Ahora, estoy más cómodo con la música de los géneros New Age o Chill Out y alguna de la clásica. Pero la que definitivamente me llena y me transporta es, la que asombrosamente ahora, puedo crear yo mismo.

Desde muy pequeño, vi como mi papá y otros miembros de mi familia eran virtuosos intérpretes de instrumentos musicales. En las frecuentes reuniones de la familia, los boleros románticos eran la diversión de los presentes. Sus letras nunca me cuadraron con lo que yo veía en la relación entre mi mamá y mi papá. Pero, quiero en este libro hacer solo una corta mención a este tema, que considero de carácter privado de ellos. Solo para ilustrar la doble moral, transmitida por la palabra que acompañaba a la música en mi experiencia juvenil.

Dos de mis tíos eran músicos virtuosos realmente. Mi tío Alberto, hermano menor de mi padre,  aprendió la guitarra clásica de forma autodidacta, llegando a ser invitado a dar conciertos en el teatro Colón de Bogotá. Y el hermano mayor de mi papá, ya desencarnado. Fue el músico organista de planta en la catedral de Monserrate durante muchos años.

Uno de los recuerdos más impresionantes a nivel musical que tengo, sucedió a la edad de siete años, cuando mi papá me llevó a escucharlo interpretar la Tocata y Fuga en re menor BWV 565 de Johann Sebastián Bach en la catedral primada de Bogotá. La música que salía de los inmensos y brillantes tubos del órgano, me transportó a otra dimensión, a otro tiempo. La piel entera se me erizo.

Al llegar los dieciocho años y empezar a sentir deseos de agradar y conquistar a las jóvenes, pensé en seguir el ejemplo de mi papá, y dar serenatas con guitarra, como él lo había hecho con mi madre.

Realmente no fue mucho lo que avancé. Él me prestaba, de vez en cuando y a regañadientes, la mítica guitarra. Ensayaba con un cuadernillo de instrucción que no recuerdo como  conseguí, se llamaba guitarra fácil. Tengo que decir que en esos momentos sentía que el genio musical de mis tíos había pasado de largo por mis genes. Me era muy difícil interpretar aquel instrumento.

Sin embargo, me di mañas para acompañar, regularmente, dos o tres baladas románticas y una que otra ranchera. Una tarde, le pedí prestada la guitarra a mi papá para ir a una fiesta en la casa de un primo. Todo iba bien, hasta que me pase de copas. En medio de la borrachera trastabille y fui a parar al piso. Precisamente sobre la sagrada guitarra de mi papá, que quedó totalmente destrozada. Con la pena moral y la reprimenda, termino mi corta carrera de músico. Por muchos años…

La música con letra nos vuelve repetitivos, después de escucharla la tarareamos de forma automática, la cantamos a capela y si tiene algún contenido de ritmo acelerado nos hace mover el cuerpo como si de un tic nervioso se tratara. La mayor parte de la música que escuché anteriormente, tenía algo en común: iba siempre acompañada de letra.

Hoy estoy convencido de que la música y la palabra son cosas que se deben separar, para poder aprovecharlas convenientemente. Podemos aceptar la voz humana como instrumento musical, estoy seguro que es el mejor.  Pero sólo la voz, sin palabras que nos transmitan ideas, pues la gran mayoría están cargadas negativamente, y pueden despertar algún recuerdo dormido no deseado, en nuestro interior. Esto tiene consecuencias insalubres como iremos viendo.

La música melódica sin palabras es maravillosa, pues es el medio perfecto para transmitir los sentires. El ejemplo más evidente, son las bandas sonoras de las películas. Estas afectan, cambian y elevan las emociones, que muchas veces la simple imagen no consigue despertar en el espectador. Sin embargo, si agregamos un medio direccional,  como es la palabra, a este potencial emocional de la melodía, estaremos dejando influenciar y engañar a nuestro sistema emocional que empezará a crear energía alimento para las entidades no humanas.

Siento comodidad hablando de mi experiencia personal, porque de esta manera valoro el camino, desde la utilidad que mi ejemplo pueda generar en mis compañeros de vida. Aunque necesariamente en este libro deba hacer referencia a personas y situaciones externas, siempre estaré centrado en lo que he vivido personalmente, claro sin mayores detalles, solo sacando la esencia necesaria para transmitir lo que aquí nos interesa y que espero sea útil para los demás.

Durante nuestras vidas llegamos, al menos una vez, a un punto de divergencia, son esas etapas donde, por diferentes situaciones personales muy fuertes, ingresamos al “salón de los espejos”. Es allí en donde tenemos la oportunidad de ser conscientes de lo que somos muy rápido. Enfrentándonos cara a cara con nuestros mayores defectos. Que estoy seguro, no son realmente nuestros ni humanos. También con nuestras mayores cualidades que conforman nuestra  humanidad.

Estos puntos los llamo divergentes, porque después de seguir una ruta muy concreta experimentando uno o varios programas impresos en la infancia, adolescencia y juventud, que generalmente son de carácter negativo. Llegamos a una situación en donde no podemos seguir adelante. Tocamos fondo. La energía emocional, alimento de otras dimensiones, que hemos producido en abundancia, nos ha llevado a situaciones límite. Nuestra vida adquiere una sensación de esponja llena, donde no podemos absorber nada más y es momento de limpiar. Ante nosotros, y rodeándonos por entero aparecen infinidad de puertas, todas tienen respuestas y regalos para ofrecernos, pero sólo podemos escoger una para continuar. Cada una refleja a las demás en forma de espejos, haciéndonos sumamente difícil escoger la correcta.

Yo, he tenido la oportunidad de visitar este salón de los espejos en varias oportunidades durante mis 55 años de vida. Afortunadamente, he podido escoger la puerta correcta en cada ocasión.

Estos espacios temporales me han traído muchísimas enseñanzas, templándome al fuego. Transmutándome y acercándome, cada vez más, a mi ser esencial: el espiritual, el formado por energía ondulatoria, con la música de la bondad y el bienestar.

Estos salones de espejos actúan sobre nosotros para que podamos remover las capas duras y pesadas, los programas emocionales que ingresaron a nuestro cuerpo por los oídos en forma de música, palabras o las dos cosas a la vez.

Programas, necesarios para aprender. Una vez dentro de la cueva cerebral, que en adelante llamaremos la cueva del ego y que conocemos comúnmente como el subconsciente, estos programas manipulan  constantemente nuestra realidad con mensajes cifrados que sólo puede entender el ego enfermo enfocado en inducirnos a generar la mayor cantidad de energía emocional sazonada negativamente, en lo posible. Así, se crea la ilusión de que  este campo-escuela llamado vida terrestre es muy “entretenido”. Pero, una vez aprendida la lección deben apagarse para Limpiar  la cueva del ego con prontitud. De no hacerlo adoptaran matices cada vez más duros de descifrar, con mayores conexiones, complicados de manejar.

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